El
pueblo Tehuelche, denominación dada por los Mapuches
a este grupo por su bravura, que significa “gente
arisca”, habitaba desde el Estrecho de Magallanes
hasta el Río Negro, abarcando la Patagonia oriental
y occidental.
Su presencia está manifestada en puntas de flechas,
boleadoras, utensilios en piedras y principalmente en las
numerosas Pinturas Rupestres que se encuentran en cuevas,
aleros, casas de piedras y paredones.
En Aisén, por las pinturas rupestres sabemos que
los tehuelches ocuparon esta región desde al menos
8.000 años y en especial para el área del
Valle del Río Ibáñez se estima una
ocupación humana que se remonta a 5.000 años.
Se
sabe que en la región existen al menos 85 sitios
conteniendo pinturas rupestres, de las cuales 50 se ubican
entre Puerto Ibáñez y Cerro Castillo, en su
mayoría en la ribera sur del Río Ibáñez.
Es en este valle donde encontramos el único sitio
abierto al público en la región denominado
Paredón de las Manos, ubicado a 3 Km de Villa Cerro
Castillo y que posee la categoría de Monumento Nacional.
En esta misma área se ubica “La Guanaca”,
la pintura rupestre más reconocida por el común
de la gente.
El
estudio de las pinturas en Aisén lo inició
Luis Felipe Bate en 1963, mientras aún cursaba enseñanza
media en Liceo San Felipe Benicio de Coyhaique. En 1969
Hans Niemeyer realiza estudios en la Cueva de Las Manos
en la zona de Chile Chico. A partir de 1983 Francisco Mena
ha continuado las investigaciones.
Gracias a ellos y a otros estudiosos del tema, es que hoy
contamos en Aisén con información sobre el
maravilloso mundo de este pueblo originario.
Al estar en algunos de estos sitios en presencia de pinturas
rupestres es natural preguntarse ¿por qué
pintaban? ¿qué significado tienen? ¿qué
mensaje encierran? ¿qué los impulsaba a dejar
grabados en rocas signos y símbolos? ...
Preguntas no fácil de responder. Lo que sí
se sabe es que es una costumbre que está presente
en muchas culturas indígenas, repartidas en diversos
puntos del planeta y practicada en el transcurso de miles
de años.
Muchos estudiosos del tema descartan que hayan pintado sólo
como un pasatiempo o por un afán decorativo, concluyendo,
más bien, que se trata de una expresión del
espíritu humano relacionada con la vivencia diaria,
integrada a la organización social en la cual se
desenvuelve la cultura, sin la cual tales manifestaciones
carecen en absoluto de sentido.
Se
plantea que las pinturas representarían una concepción
global de la existencia, integrando lo sagrado con lo cotidiano,
una expresión compartida por todos, una tradición.
Tal vez el hecho de participar en algo tradicional y comunitario
reforzaba el sentimiento de cohesión del grupo, reforzando
además el sentimiento de pertenecer a una integridad
cósmica y reconocer cierto control sobre la naturaleza,
lo cual le brindaba seguridad.
El
motivo de pintar manos (el más recurrente en todas
las partes del mundo) y no animales, figuras geométricas
o personas, no está bien definido. Se plantean varias
posibilidades: manifestación de haber visitado el
lugar, como rúbrica, recuerdo de personas fallecidas,
comunicación con espíritus ancestrales, señales
para otros visitantes, invocación de fuerzas, etc.
Los
guanacos corriendo en hileras, guanacas preñadas
o amamantando a la cría, se ha interpretado como
una invocación en pro de la fertilidad y proliferación
de estos animales tan importantes para su subsistencia.
La
pintura rupestre de grecas (motivos geométricos abstracto)
se inició desde hace unos 1.000 a 700 años,
probablemente como consecuencia de la llegada a la Patagonia
de nuevos grupos que se mezclaron con los existentes, dando
origen seguramente a los grupos encontrados a la llegada
de los europeos a la zona.
Con
relación a las técnicas utilizadas: para las
manos en positivo se pintaban la mano y la aplicaban sobre
la pared; en el caso de negativos ocupaban pigmentos de
minerales provenientes de la oxidación de las rocas
de los alrededores, los pigmentos debieron ser molidos y
calentados al fuego y mezclados con yeso para permitir la
adhesión a la pared, agregándole luego grasa.
La mezcla resultante era soplada con tubos o directamente
con la boca, utilizando la técnica del "sopleteo"o
"estarcido".
Al
visitar los diversos sitios se observa que muchos de ellos
están siendo destruidos por condiciones naturales
y, principalmente, por personas que acceden a ellos sin
la preparación o conciencia adecuada, provocando
daños invaluables e irreparables a nuestro patrimonio
regional.
Este hecho nos hace reflexionar sobre el patrimonio de un
pueblo o región, entendiendo por patrimonio lo que
se hereda de quienes nos antecedieron, tanto en el plano
territorial, de lengua, cultura, historia, etc. Siendo las
pinturas rupestres uno de los elementos más valiosos
del patrimonio histórico-cultural con que cuenta
Aisén, este trabajo es un llamado a apreciar, respetar
y cuidar lo nuestro.